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Dejar huella: Historias de evaluaciones que marcaron la diferencia

ISBN 978-987-3984-66-2

"En los casos trabajados resulta muy relevante la capacidad técnica y competencias del equipo evaluador. Las diversas dimensiones que se encuentran al interior de dicho tema trascienden la imprescindible rigurosidad técnica en el desarrollo de la evaluación misma, sin la cual no habría impacto positivo alguno. Por ejemplo, en la evaluación del programa de México resultó clave el acercamiento de tipo antropológico de los evaluadores, mientras que en el caso de UNICEF en Argentina fue muy importante el carácter interdisciplinario del equipo de evaluación. Más allá de la rigurosidad técnica, cobra importancia creciente la comunicación de los resultados de la evaluación a los diferentes actores relevantes involucrados. Esta instancia de comunicación presta atención al tipo de reporte utilizado, la adecuación del lenguaje para distintas audiencias y la capacidad de generar, cuando corresponda, lecciones aprendidas aptas para articularse con la realidad organizacional respectiva.
Vinculado a ello, aparece una tensión recurrente en la evaluación de programas: la que presenta el binomio participación / autonomía de la evaluación. A menudo los evaluadores se esfuerzan por mantener una cierta distancia sobre el programa evaluado a fin de tratar de proteger su independencia, incrementando de ese modo las posibilidades que la evaluación resulte distante e irrelevante para aquellos que actuarán sobre sus resultados a fin de realizar mejoras y facilitar el cambio. La cercanía con el programa evaluado y sus actores permite aprovechar oportunidades para marcar una diferencia a través del uso de procesos. Esto apunta a reconocer que los beneficios e impactos de la evaluación se desprenden tanto, o aún más, del modo en cómo ella se realiza (utilidad del proceso) que simplemente en relación a los hallazgos de la misma (utilidad de los resultados). Esta situación la ilustra el proceso de autoevaluación de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa), el cual favoreció el involucramiento de una multiplicidad de actores de la comunidad universitaria, lo que permitió el acceso democrático a la información, la interacción novedosa entre muchos de ellos, la discusión y el debate, así como el fortalecimiento de capacidades.
Las historias de evaluación relevadas en el proyecto ilustran a su vez el valor de un enfoque positivo. Vale decir, ponen el énfasis en la evidencia de aquello que funciona y/o que puede funcionar y que amerita ser continuado, ampliado o modificado. Esto contrasta con evaluaciones que acentúan principalmente los problemas técnicos y deficiencias varias presentes en todo programa. Un enfoque de este tipo ha mostrado ser altamente relevante a fin de trascender las actitudes de defensa y sospecha que suelen asociarse a toda práctica evaluativa, al movilizar la discusión hacia el campo de las soluciones. Ello no implica obviar la necesidad de cambio, sino que más bien apunta a profundizar las recomendaciones al señalar el tipo de cambio necesario y su porqué. Por ejemplo, la evaluación de la iniciativa Fortalecimiento de las capacidades de las mujeres indígenas para concertar e incidir en la implementación de
políticas públicas (Colombia) validó muchos de los enfoques adoptados y señaló las potencialidades que permitiría desarrollar el contar con una línea de capacitación adicional a los objetivos planteados originalmente en el proyecto. Junto a ello, las evaluaciones con este enfoque positivo suelen caracterizarse por actitudes de acompañamiento, comprensión y cercanía a los actores de la intervención, ya que se evita limitar su tarea al señalamiento de cuestiones a modificar, lo que es muchas veces leído por los actores locales como “buena disposición” de los evaluadores.
La participación de los actores en la misma recopilación y el uso de datos de la evaluación son dos poderosas maneras de involucrar a los usuarios y beneficiarios. Ello permite que los participantes aumenten su apropiación de los datos, situación que los empodera para responsabilizarse de sus resultados y el uso de los mismos. Una evaluación caracterizada por un enfoque colaborativo lleva a los participantes a hacerse cargo de la misma y, desde allí, del cambio o transformación que le sigue. De este modo, la participación activa en el proceso de evaluación ayuda a desarrollar una mejor comprensión de la evaluación, lo que contribuye a su utilización. Esto lo ilustra también la evaluación participativa en Costa Rica, en la que los equipos técnicos regionales se involucraron y tuvieron profundo interés en conocer cómo funcionaba el programa evaluado en su territorio, mientras que las autoridades de mayor nivel se limitaron a brindar su visto bueno a la evaluación. De este modo, las recomendaciones a nivel de territorio o región se pudieron aplicar al poco tiempo de terminada la evaluación, mientras que aquellas recomendaciones generales -dependientes de las autoridades de más alto nivel- aún no se aplicaron." (páginas 17-21)
Introducción, 7
Lo que uno no se pregunta, simplemente ¡no lo ve! Evaluación cualitativa del programa Oportunidades (México), 33
Dar cuenta y darse cuenta: Proceso e impacto de la participación juvenil en el desarrollo territorial en el Valle Santa Catalina (Perú), 51
Mujeres indígenas, territorialidades y evaluación: Historia de un camino (de)construido (Colombia), 73
Saberes locales y actores institucionales: Evaluación de la Iniciativa Maternidades Seguras y Centradas en la Familia -MSCF (Argentina), 93
Evaluación con acento caribeño: El caso del Programa de Cuidadores Itinerantes (Santa Lucía, Caribe), 115
De la indiferencia a la apropiación: El proceso de autoevaluación en la Universidad Nacional de Lanús -UNLa (Argentina), 135
La mirada de los que ven: Evaluación participativa de los servicios de prevención y atención del cáncer en Valle de la Estrella (Costa Rica), 159